Budapest es una buena idea para hacer una escapada de fin de semana o como parte de una ruta que te lleve también a Viena y Praga. En cualquiera de los casos, con 3 días basta para exprimir al máximo tu estancia en la ciudad.

Día 1 – Pest, Isla margarita y paseo por el Danubio

Ruta por Pest e Isla Margarita

Empezamos la ruta en la Basílica de San Esteban, la catedral de la ciudad. Esta catedral de estilo neoclásico se empezó a construir en 1851 y se finalizó 54 años más tarde. En su interior, a parte de pinturas, relieves y esculturas, encontramos dos reliquias importantísimas para los húngaros: la mano derecha momificada de Esteban I, primer rey del país y santo; y, en la cripta, los restos mortales de Puskás, posiblemente el mejor jugador de fútbol -todavía- de la historia del país (como os podéis imaginar, todo un ídolo en Hungría).

Las vistas panorámicas desde el campanario nos dijeron que eran muy chulas, pero había cola y finalmente no subimos.

En los alrededores o dentro de la misma basílica suelen ofrecerse conciertos de música clásica. En mi caso, nos encontramos, justo en uno de los laterales del exterior, una espectacular orquesta alemana que nos regaló bonitos momentos.

Seguimos callejeando dirección al Parlamento, probablemente el monumento más conocido de la ciudad y el que seguramente deja mayor impacto en los viajeros. Se puede visitar su interior aunque lo mejor de todo es lo imponente de su arquitectura exterior, tanto de día para poder fijarse mejor en los detalles, como de noche cuando está espectacularmente iluminado.

Si nos queda tiempo, podemos seguir río arriba para adentrarnos en la Isla Margarita, a la que se accede y recorre a pie. Podemos pasear por ella, alquilar unas bicicletas, hacer un picnic en sus jardines, ir al parque acuático, ver los animales (hay como un mini zoo que no requiere entrada) o ponernos en modo running a lo largo de un circuito adaptado que recorre el perímetro de la isla -de unos 5km.

Nosotros asistimos a una obra de teatro al aire libre, pero era bastante mala e incluso tuvieron graves problemas técnicos (era un musical húngaro con pantallas en inglés). Suelen hacerse obras de teatro, música y danza en los meses de junio, julio y agosto en el marco del Budapest Summer Festival. El teatro está en la Water Tower (Víztorony) y hay que acceder o bien a pie o en ferry.

Después de comer podemos continuar regresando al margen del río, pasando de nuevo por el Parlamento y así contemplar, en la orilla cercana, la obra de Gyuka Pauer y Can Togay, en recuerdo de los judíos asesinados y arrojados al agua. Según leí, se les pidió que se quitaran los zapatos y se les fusiló en el borde del Danubio.

A la altura del hotel Marriott de Budapest (fachada horrible que se ve casi desde cualquier punto panorámico), vemos muchos barcos amarrados que ofrecen paseos por el Danubio. En general todos ofrecen más o menos lo mismo y por un precio similar: algo de beber y una audioguía individual en muchísimos idiomas (en español, entre ellos). Nosotros hicimos la ruta justo antes del atardecer y así pudimos ver la puesta de sol y recorrer su cauce disfrutando de los edificios iluminados. Aun siendo bastante turístico, es una buena manera de ver la ciudad y además la información que se ofrece es muy interesante. La duración del trayecto es de unos 70 minutos. Lo mejor es reservar el billete para asegurarnos conseguir plaza aunque con 24-48h de antelación considero que es suficiente.

Si buscamos una opción más económica para navegar por el Danubio podemos hacerlo también en barcos de transporte público, con trayectos más cortos y sin audioguía, claro.

Para cenar, hay muchísimas opciones en el centro, con calles donde se concentran muchos restaurantes; destacan Raday utca y la zona de Liszt Ferenc tér.

¿Y por qué no? Para otra ocasión, si somos de cruceros, son muy típicos los de varios días por el río Danubio. Normalmente se empieza en Alemania, se pasa por Austria y se acaba en Hungría, todo ello durante 7-8 días. Los que vimos parecían especialmente cómodos, lujosos y de tamaño medio, por lo que son una opción perfecta para los que no se sienten los típicos turistas cruceristas y buscan algo más familiar y tranquilo.

 

Día 2 en Budapest – Mercado Central, Buda, New York Café y los bares en ruinas

El mercado central de Budapest

Iniciamos el día viendo el mejor de los acontecimientos que puede tener, para mi, cualquier ciudad, su mercado. Este mercado, además de animado y auténticamente húngaro, es precioso tanto por su fachada como por su interior. En la planta baja encontramos paradas dedicadas especialmente a la comida, fruta, verdura, el famoso “paprika” y embutidos, como el salami Pick.

En la parte superior del mercado encontramos souvenirs, tiendas de artesanía típica y muchos lugares de comida rápida: apetitosa y calórica a más no poder, para subir el colesterol hasta los topes en un día. Es una buena opción si vamos a la hora de comer, encontraremos platos típicos como el goulash, frankfurts y los pecularies “lángos”, una especie de super pizzas que, inicialmente eran dulces (parecido a los churros) pero que ahora se suelen comer como comida principal añadiendo ingredientes salados como jamón cocido, queso, tomate,… Los puestecitos están en los pasillos por lo que el paso es algo estrecho, hay que hacer algo de cola porque suele haber bastantes turistas y probablemente tengamos que comer de pie. Las opciones para comer sentado son más bien cutres, de tipo buffet y bastante colmado de gente como el Fakanál que, no está mal, sin más.

Cruzamos Pest para dirigirnos al Castillo o Palacio de Buda

Una vez salgamos del mercado callejearemos dirección norte de la ciudad y cruzaremos hasta Buda, usando el famoso puente de las cadenas. Podemos subir a pie por las escaleras  (no es mucho ni tiene ninguna dificultad) o en funicular hasta el Castillo, desde el que obtendremos una maravillosa panorámica de la ciudad. Nosotros no entramos pero había el Museo de Historia y la Galería Nacional, que parecía muy interesante. Estuvimos paseando por el Castillo, la Iglesia de San Matías y el Bastión de los Pescadores, que son de parada obligada. Justamente se hicieron las 12 por lo que vimos el cambio de guardia en el Palacio Real. Como todos los cambios de guardia, los turistas nos ponemos a fotografiar y a hacer vídeos, a buscar la primera fila y a averiguar si harán muchas maniobras con las armas, una gran atracción turística que genera mucha expectación, sin duda.

Una visita que hicimos en esta zona es el Hospital en la Roca, un hospital y bunker de la Segunda Guerra Mundial, una opción realmente interesante para los que buscan un tour distinto. Es una ruta guiada en inglés o húngaro, en el que no se pueden hacer fotos y que cuesta 13-14€ (hay reducciones del 50% para menores de 25 y mayores de 62). Abren cada día (excepto algunos festivos) de 10-20h y las visitas en inglés son cada hora (solamente había en inglés y en Húngaro cuando fuimos en 2017).

Al salir comimos en Jamie’s Italian, un restaurante del famoso chef Jamie Oliver que, aunque no es barato, hace unos buenísimos cócteles (6-7€), antipasti y ensaladas (9€ aprox). Me encantó la ensalada classic super food, simplemente deliciosa y muy completa. Los platos de pasta cuestan entre 9-12€ y, no sé si es que no tuvieron el día pero no eran memorables. Los postres unos 6€, especialmente ricos el tiramisú y la tarta de limón. Pagamos unos 25€

Para bajar la comida nos animamos a seguir en la búsqueda de las mejores vistas de la ciudad y fuimos hasta la Citadella en el monte Géllert. La panorámica de toda la ciudad a tus pies es muy bonita, se ve el bonito serpenteo del río y, para llegar, disfrutamos de un agradable paseo por un parque. Es una buena subidita, sencilla pero desde el restaurante son 2,5km.

Para descansar volvimos a cruzar a Pest, esta vez en autobús, para tomar un café en una de las cafeterías más conocidas de la ciudad y la más bonita que he visto nunca: New York Café. Puede que haya un poco de cola al entrar pero vale realmente la pena. Se puede comer o simplemente tomar algo y admirar su interior de art déco. Nosotros pedimos café frío, té y cortado y, si no recuerdo mal pagamos unos 8-9€ y estaba todo especialmente bueno.

Si tenéis la suerte que tuve yo, podréis hasta escuchar música en directo en el lobby del hotel de lujo Boscolo, que se encuentra conectado por su interior. Vivirlo fue todo un espectáculo aunque creo que que no es algo habitual.

Salimos dirección la Gran Sinagoga (unos 10 min a pie), nos la encontramos un poco sin buscarla por lo que me impresionó bastante. Tiene una sobriedad tremenda además de ser enorme y es que es, ni más ni menos, que la segunda más grande del mundo después de la de Jerusalén. A recordar que el sábado está cerrada pero el resto de días permite visita en su interior.

Después del glamour del Café New York hacemos un cambio radical de ambiente en los bares en ruinas, dentro del mismo barrio judío. El más famoso y antiguo de ellos, si bien seguramente el más turístico pero no por eso menos impactante, es el Szimpla Kert: un marcoespacio con muchísimas salas y distintos ambientes. La música generalmente electrónica y el ambiente más bien joven, hay zonas de baile y zonas para estar más tranquilos tomando algo y dejando algún mensaje en las paredes de este peculiar bar. Abren de 12 de la mañana a 4 de la madrugada y domingos de 9 a 5, así que si no lo visitamos no será por encontrárnoslo cerrado. No se paga entrada y no hay ningún tipo de dresscode aunque mejor no ir especialmente elegante, recordamos que es un lugar en ruinas. Suele haber mucha cola, especialmente de noche, pero es muy rápida.

Si tenemos hambre antes de entrar podemos comer algo rápido y barato en el Street Food Karaván Budapest. Está en la misma calle que el Szimpla, en Kazinczy u. 18. Solamente tenemos que escoger el food truck que más nos apatezca de entre las varias opciones que hay, desde asiático, a burger, a húngaro, pizza, etc. Si, por el contrario, queremos algo más relajado, podemos ir a la calle principal donde encontraremos muchas opciones de bares y restaurantes acogedores y modernitos.

Día 3 en Budapest – Baños termales y de compras por Andrassy

Este día de cierre del viaje lo gozaremos relajándonos en alguno de los famosos baños de la ciudad. Si bien es una experiencia cero exclusiva (pues están todos repletos de gente) y el agua de casi todas las piscinas es muy caliente (y a mi me gusta fresquita, sobretodo si es verano), es algo distinto, relajante y toda una tradición en Budapest. Yo fui al más famoso y seguramente también más abarrotado: Széchenyi.

Hay 15 piscinas, 3 de las cuales son exteriores y tan solo una de ellas es de agua fría (y muy fría!), cosa que no me gustó porque no estoy acostumbrada a bañarme con el agua tan caliente. Durante el invierno las piscinas exteriores están cerradas pero se puede disfrutar de un baño caliente en el interior (las interiores son más pequeñas pero hay muchas).

Cuesta unos 18€ con cabina privada o bien el vestuario con taquilla (serían unos 16€), me pareció bastante curioso el montaje por dentro, muy distinto a los vestuarios que había visto antes. Recomiendo llevar toalla (aunque se puede alquilar), chanclas y, en el caso que queramos nadar, gorro, ya que hay una piscina exterior exclusiva para ello y lo requiere. Está abierto todos los días de 6-22h.

Mientras íbamos dirección la avenida Andrassy,  aún dentro del enorme parque, nos encontramos con el Városliget café por lo que decidimos comer ahí. Si es verano la terracita es muy gustosa y sino en el interior el comedor tiene unos ventanales con vistas al parque super agradables. Los aperitivos nos sorprendieron muy positivamente y, los principales, aunque bien, no eran nada del otro mundo. Pagamos unos 20€ por persona.

Para bajar la comida podemos pasear por la famosa Avenida Andrassy. Al principio encontraremos una zona residencial muy elegante y, posteriormente, llegaremos a la zona de tiendas, tanto de lujo como más asequibles. En esta zona también hay muchos cafés y restaurancitos monos para comer o cenar.

En la misma avenida nos encontramos con la Opera, que se puede visitar haciendo un tour guiado o bien asistir a alguno de los espectáculos. Nosotros queríamos optar por la segunda opción pero no había ninguna Ópera esos días y el tour guiado solamente era a las 15 y 16h por lo que vimos solamente el hall (se hace en varios idiomas)

 

Otras cosas que podemos hacer en Budapest

Si tenemos más días en Budapest podemos hacer otras visitas interesantes:

  • Entrar en museos como la Galería Nacional o hacer las visitas guiadas al Parlamento, el Castillo o la Sinagoga.
  • Estatuas de Memento Park: un lugar donde han trasladado las estatuas que no se destruyeron del régimen comunista. Se paga entrada.
  • El Laberinto en el Castillo de Buda: aunque la entrada no es económica y algunos viajeros no lo recomienda especialmente, la vista por la tarde se hace únicamente con un farol para iluminar el camino (a partir de las 18h) y eso lo hace más interesante.
  • Tomar café en el Central Café: otro de los clásicos aunque un poco más olvidado que el New York (si hay que escoger imprescindible el New York).
  • Balnearios: si nos ha gustado esta experiencia hay muchos más por descubrir. Uno de los más conocidos también es el Gellért, situado a los pies de la colina con el mismo nombre.
  • Subir la noria: En el centro hay una noria que ofrece bonitas vistas de la ciudad.